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El daño ambiental y sus responsables desde la ecología y el derecho.

Actualizado: 13 oct 2020


Por: Dra. Adriana Marín Vergara Abogada Universidad Católica, Contadora y Bióloga.

Especialista en laboral, seguridad social y Mágister en tributación.


Es posible que nunca antes hubiésemos usado la expresión medio ambiente tantas veces como lo hacemos hoy en día, esto se debe probablemente a que antes se tenía mayor respeto por lo que connotan estas dos palabras aparentemente simples, inmersas en el estudio de la ecología, que implica el estudio de las interacciones de los organismos con su ambiente físico y entre sí.


La ciencia de la ecología intenta describir cómo un organismo afecta a su ambiente (viviente o no viviente) y cómo es afectado por éste para definir en qué forma las interacciones determinan los tipos y cantidad de organismos existentes en un determinado lugar y en un determinado momento.


La mínima unidad ecológica es la población, entendida ésta como un pool genético de organismos que se entrecruzan, que pertenecen a la misma especie y están en el mismo lugar, sin embargo, toda población tiene propiedades muy distintas de los individuos que la componen. Es así como el individuo es pasajero, accidental u ocasional, mientras que la población persiste en el mismo sitio y más o menos con la misma cantidad de individuos año tras año. No obstante lo anterior, se ha observado que respecto a la población humana, que al contrario aumenta de manera acelerada gracias a la caída de las tasas de mortalidad y el aumento de los nacimientos.


Entre las consecuencias del aumento de población, encontramos los problemas de contaminación, el agotamiento de los combustibles fósiles, la destrucción de los recursos naturales y de la extinción de otras especies, lo que se traduce en un daño ambiental, como el deterioro grave del ambiente que afecta el equilibrio de los ecosistemas, así como el deterioro de los recursos naturales que afectan la capacidad de renovación de los mismos, las modificaciones considerables al paisaje, la contaminación del agua, del aire, del suelo y demás recursos.


En palabras de Neira y Pombo, “El daño ambiental es un daño social y difuso, se caracteriza por ser un daño a bienes que son objeto del interés general y colectivo y que puede no concretarse sobre derechos individuales. También puede considerarse como un daño público, teniendo en cuenta que muchos de los bienes con carácter ambiental cumplen una función social, sin embargo, el daño civil o privado siempre ha de ser individualizado, lo que le otorga legitimación para accionar en reclamación del mismo, a la persona a quien se le ha ocasionado”.


Con todo lo expuesto, la pregunta es ¿quién debe responder por el daño al ambiente y cómo debe ser reparado? tristemente, estos son cuestionamientos de los cuales no se tiene conciencia y que en nuestro país apenas estamos esbozando criterios y metodologías que permitan cuantificar los daños que conlleven a establecer la suma que corresponda al valor de la indemnización que tiene que pagar el responsable o los responsables a las víctimas, que normalmente en materia ambiental “somos muchos los damnificados”, por aquellos a quienes el medio ambiente es una palabra que no les suena, ni les retumba ni en sus oídos, ni en su cabeza.


En conclusión, el tema del medio ambiente se torna en una conciencia personal, que debe volverse una conciencia de cuidado colectivo, de amor por lo que nos rodea, especialmente si corresponde con lo que llamamos “naturaleza”, que se traduce en lucha por la vida y por entregar en igual o mejor estado aquello que hemos recibido a título de “comodato, para que los que vienen también disfruten de ese privilegio hermoso de oír un pájaro, de beber de una fuente de agua o de simplemente admirar un majestuoso atardecer.


En Consejurídico, #QueremosAcompañarte


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